Senadora Berenice Bedoya, fórmula de “El Itagüiseño” y aliada de Leon Mario Bedoya es denunciada por «vacunar» a sus empleados.

El clan Bedoya, que protagoniza hoy un nuevo escándalo nacional por presuntamente cobrarle coimas a sus asesores de la UTL del senado, tiene su representación en Itagüí. Y es que la senadora Berenice Bedoya, jefe política de León Mario Bedoya, está en fórmula al congreso con Juan David Flórez, que se hace llamar “el itagüiseño” y cuya única trayectoria ha sido dirigir una página de Facebook en contra de la alcaldía de Itagüí, que se presumía periodística pero resultó siendo una tribuna política para impulsar su candidatura.

La Corte Suprema investiga

La denuncia interpuesta por el abogado Sergio Mesa —quien fuera parte de su Unidad de Trabajo Legislativo (UTL)— ha puesto a la Corte Suprema de Justicia y a la Fiscalía tras una pista escabrosa: el presunto cobro de «vacunas» a sus empleados. Según Mesa, su salida de la UTL no fue por falta de gestión, sino por la negativa a entregar más de 4 millones de pesos mensuales de su salario a familiares de la senadora. De confirmarse, estaríamos ante el gran escándalo de corrupción que desdibuja el discurso ético de este partido y sus aliados.
En Itagüí, los concejales León Mario Bedoya, Camilo Valencia y Orlando Ramírez, quienes ven en la senadora Berenice a su jefa natural, guardan silencio al igual que su fórmula a la Cámara Juan David Flórez “El Itagüiseño”, quienes se arropan bajo la bandera de la ética y la lucha contra la corrupción.

El cuestionable salto del «Itagüiseño»

Pero el punto más polémico en la ética de la colectividad lo pone Juan David Flórez. Bajo el seudónimo de “El Itagüiseño”, Flórez pretende dar el salto a la Cámara de Representantes usando como trampolín la página de Facebook de su propiedad. Aquí surge la pregunta que incomoda al gremio y a los electores: ¿Dónde termina el periodismo y dónde empieza la propaganda política? La instrumentalización de los medios para apalancar ambiciones personales no solo es un golpe a la imparcialidad, sino un síntoma de cómo la ASI entiende el poder: como un negocio familiar y mediático.

Berenice Bedoya enfrenta hoy el reto de defenderse de la Corte, la Fiscalía y los ciudadanos que ven en ella y su fórmula una fachada de discurso correcto y contra la corrupción pero que en la realidad realizan actos no tan éticos.