Nuevo caso de lesión por pólvora en Itagüí nos recuerda sobre los riesgos para adultos, niños y animales

El uso de pólvora deja otro herido en la ciudad. En el barrio Ferrara, un hombre de 25 años resultó con daño ocular luego de ser alcanzado por las chispas de unas luces de bengala mientras observaba el espectáculo en vía pública. El joven, quien había consumido alcohol, fue remitido a un centro asistencial donde recibió atención médica.

Aunque este caso no terminó en tragedia, vuelve a encender las alarmas sobre los riesgos reales que trae la manipulación y presencia cerca de la pólvora, incluso cuando la persona no es quien la enciende.

La pólvora no es un juego: un riesgo para toda la comunidad

La temporada decembrina suele estar marcada por celebraciones, pero también por incidentes que podrían evitarse. Expertos y autoridades coinciden en que la pólvora representa un riesgo para:

  1. Adultos: Incluso cuando se usa “con cuidado”, el alcohol, la falta de distancia y la falsa sensación de control aumentan el peligro. Las lesiones oculares, quemaduras y daños auditivos son frecuentes en estas fechas.
  2. Niños: Son quienes más sufren consecuencias graves. Su curiosidad natural, sumada a la imprudencia de algunos adultos, convierte cualquier chispa en una amenaza. La pólvora nunca debe estar cerca de ellos.
  3. Personas con discapacidad mental: Los estallidos generan confusión, angustia y desorientación. Las luces intensas y los sonidos explosivos pueden provocar crisis nerviosas o comportamientos de riesgo.
  4. Animales: Los perros, gatos y aves tienen una sensibilidad auditiva mucho mayor que la de los humanos. Los estruendos pueden provocar estrés extremo, desorientación, huidas, accidentes e incluso problemas cardíacos.

Un llamado urgente a la responsabilidad

Este nuevo caso en Itagüí es un recordatorio claro: La pólvora no es un juego y puede causar daños de por vida.

La seguridad no depende solo de no manipularla, sino también de evitar estar cerca de quienes la usan. La comunidad juega un papel fundamental: denunciar su venta, no permitir que menores se acerquen y promover celebraciones seguras, sin riesgos para la salud ni para el bienestar de las personas y los animales.