La tradición de elevar cometas sigue vigente en Itagüí

La tradición de elevar cometas sigue vigente en Itagüí - Itagüí Hoy

Aunque según Efraín Clandestino (como pidió que lo llamáramos) el pasatiempo de elevar cometas ha ido muriendo porque los niños ahora están pegados a los dispositivos tecnológicos, él y un grupo de 8 cometeros más mantienen esta tradición en Itagüí desde hace aproximadamente cinco años.

Justo en frente del Parque del Artista, en la manga que queda al lado de la bomba Texaco, todos los días, desde que haya buenas condiciones climáticas, está Efraín elevando sus cometas de 1.40 cm de alto por 1.20 cm de ancho, sintiéndose libre, como él mismo lo dice, y compartiendo su pasión con todo el que llega al lugar.

“Elevo cometa desde los 7 años de edad y actualmente tengo 55 años. La primera que tuve no la olvido, fue una de papel; azul y roja, desde entonces esto se convirtió en un hobbie para mí, yo mismo las fabrico, claro que ahora son de tela”, dice entre sonrisas.

Y es que ese lote se ha convertido en el lugar ideal para elevar cometas. Aunque no es de gran extensión, tiene el suficiente espacio disponible para que familias enteras lleguen al lugar a jugar con los perros, disfrutar de una calurosa tarde, divisar los papalotes, como también son llamadas, y elevarlos.

El origen de las cometas se remonta a tres mil años atrás cuando los chinos las fabricaban, según un artículo de la Universidad Tadeo, para usarlas como señales militares, medir distancias o pedir ayuda durante la dinastía Nan.

Así mismo, las cometas eran elevadas en ese entonces como un ejercicio de meditación y un símbolo espiritual.  De acuerdo con un artículo de El TIEMPO, en el libro Las Cometas: pájaros de papel “Juan Gallardo señala que en algunos pueblos de Corea, cuando nace un niño, es aconsejable escribir su nombre en una cometa, lanzarla al aire, cortar luego el hilo, dejándola perder en el vacío y de este modo hacer que los malos espíritus se confundan tratando de perseguirla y dejando al bebé libre de cualquier mal presagio”.

Para Andrés Felipe Ramírez, un itagüiseño de 23 años, también es una experiencia casi espiritual, desde hace tres años va dos veces a la semana a la manga que queda al frente del Parque del Artista a elevar cometa, dice que la hora buena es a las 4:00 p.m. que hay más viento y aunque popularmente se dice que agosto es el mes ideal para realizar esta actividad, él sustenta que cualquier época es buena.

“Elevar cometa es un placer, es libertad. Muchos no le encuentran lógica, pero para mí es una conexión que uno tiene con la naturaleza, es sentir que se puede manejar el viento, es como si yo mismo estuviera volando”, dice Ramírez.

Los papalotes son, además, una fuente de ingreso, o al menos así lo ha sido para Yomaira Agudelo de 63 años, quien vende cometas desde 5.000 hasta 25.000 pesos, en el lugar. Desde hace cinco años se sienta todos los días en una esquina de la manga a exhibirlas y esperar que algún niño llegue, se antoje y le compre una.

“Las cometas me han dado para mi sustento, ojalá no nos quiten este lugar y más bien construyan un parque, es el sitio perfecto para elevar cometas y divertirse en familia”, expresó Yomaira.