“Cuando me muera quiero que me cremen y tiren mis cenizas en la cancha de arena de Calatrava” así les dice Antonio Rave a sus hermanos y sobrinos en las fiestas familiares. “A ellos no les gusta, pero así estoy de decidido por el fútbol, esta es mi pasión” argumenta el profe con sus ojos aguados y una voz fuerte.

Nicolás Antonio Rave Zapata (1956) es uno de los personajes más reconocidos del barrio Calatrava en Itagüí, su amabilidad, carisma y servicio a la comunidad le han dado un lugar especial en el barrio. En 1986 llegó a la zona “a comprar mi primera casita en el sector llamado El Hueco”. Inmediatamente empezó a trabajar por la comunidad a través de su escuela de fútbol, donde ha formado a miles de niños y jóvenes por más de 30 años, en su talento deportivo, pero sobre todo en valores. Muchos de ellos hoy se reconocen como personas íntegras, responsables y respetuosos de las normas, gracias a las enseñanzas del “profe”.

¿De dónde viene la iniciativa de trabajar por la comunidad?

Es una herencia, mis padres trabajaban en las acciones comunales  y uno va aprendiendo este tipo de cosas. Cuando yo llegué acá no había iglesia, había una casa, entonces, junto al sacerdote que había, empezamos a construir la parroquia, pero había otro problema, los niños de esa época no tenían donde jugar fútbol.

¿Por qué a través del fútbol?

Porque era lo más fácil, había mucha más gente para eso. En ese entonces los niños tenían que cerrar las calles para jugar fútbol, pero un fútbol no dirigido, había una necesidad, había que dirigir estos niños, orientarlos, enseñarles el fútbol, las normas y por ahí derecho valores.

Hay que enseñarles a estos muchachos a ser más educados, a ser más personas. Hoy en día yo recojo los frutos, mucha gente, que fueron niños, estuvieron conmigo y ahora son adultos me saludan con un abrazo, me reconocen, me recomiendan, tiene todo tipo de manifestaciones de afecto conmigo, como agradeciendo lo que yo hice en un momento por ellos, que fue recrearlos y enseñarles a respetar.

Al equipo hay que llegar saludando, al profesor y los compañeritos, en el juego deben participar limpiamente, cuando cometen falta deben decir la verdad, cuando tratan mal a un niño deben decir por qué y pedirle disculpas. Dentro del mismo juego hay como enseñar los valores y eso se ve reflejado en la vida.

¿Cómo surgió la Escuela de Fútbol Calatrava?

Yo tomé la iniciativa y con el apoyo del cura y de mi hermano Osvaldo empezamos a trabajar. Yo mismo salí por todas las casas, tocando las puertas, invitando a todos los niños a que jugáramos. Así fue que empezamos, entrenábamos en los parqueaderos, luego gestionamos la cancha de arena del Sena de Calatrava donde entrenamos durante muchos años, pero ahora no es posible porque el espacio lo están utilizando para que los niños del colegio María Bernal estudien mientras les construyen el colegio. Ahora estamos entrenando en la cancha sintética pequeña de ese colegio.

¿Cómo fueron sus inicios como preparador de fútbol?

Empecé de manera empírica, pero luego cuando formamos el primer equipo que jugó Pony Fútbol, la Corporación Deportiva Los Paisitas empezó a brindarnos asesorías y charlas técnicas de fútbol y ahí aprendimos más. Luego hacia el año 2000 nos empezaron a exigir que fuéramos personas idóneas para dirigir niños, entonces llegó la Gobernación de Antioquia, Inder Medellín y Coldeportes, nos reunieron y nos pusieron a estudiar dos años consecutivos y nos certificaron gratis con el Sena en Tácticas y Técnicas del Juego en niños de 4 a 14 años.

Casi todos los niños del barrio desde 1986, han pasado por la Escuela de Fútbol Calatrava, que desde ese entonces ha sido dirigida por don Antonio y su hermano Osvaldo. Han trabajado con categoría párvulos, semilla, pre pony, pony y sub 13. Actualmente continúan con los procesos de los niños más pequeños debido a las obras de construcción que adelanta la alcaldía en el colegio María Bernal, pues la cancha está siendo usada con las aulas temporales y los demás grupos fueron recomendados a otros lugares como la cancha municipal y la cancha de Santana.

Con Antonio han entrenado jugadores que lograron debutar y jugar en equipos profesionales de fútbol. Jair Mejía ex jugador de Envigado, Víctor Giraldo jugador del Santafé, Juan Esteban Ortiz ex jugador del Medellín y otros jugadores que estuvieron en la primera B y con quien sostiene aún una buena relación.

¿Cuál ha sido la experiencia que más lo ha marcado en este proceso del fútbol?

Han pasado tantas cosas… La experiencia que más me ha marcado, la alegría más grande, fue cuando Jair Mejía vino, me llamó por la malla y me dijo, profe venga, lo invito para que vaya al estadio de Envigado, hoy juego contra once caldas [llora] … fue una alegría tremenda.

Mi sueño era sacar jugadores profesionales, ya se cumplió. El me dio la boleta, yo me fui hasta sin almorzar y cuando fui a verlo metió gol [detiene durante unos segundos el relato para controlar las lágrimas], se fue para donde yo estaba, me señaló, se quitó la camiseta y me la dio. Es un regalo único.

Hubo una época de violencia muy fuerte en Itagüí y Calatrava era uno de los barrios más peligrosos ¿Cómo hizo para entrenar a los niños y jóvenes en esa época?

Llegando a los 90 con el narcotráfico Itagüí se dañó y en el barrio no había un orden, mucha gente tenía una pistola, atracaban y mataban. Yo me preguntaba, ¿Quiénes son los ladrones y  quién está matando la gente? yo saludaba a todos por igual, pero que sorpresa me llevé cuando un papá me dice que los matones y los atracadores eran algunos que yo entrenaba. Los pelao’s me tenían mucho respeto a mí y a la escuela, porque casi todos pasaron por aquí, pero era uno entrenando y se escuchaban los tiros y el muerto estaba en la esquina. Tenía que tirarme al piso con todos los niños y resguardarnos y no mirar que pasó porque había represalias.

Antonio tuvo que trasladar su residencia de Itagüí a Robledo producto de la violencia vivida en esos tiempos, sin embargo, desde comienzos del año 2000 y hasta hoy, continúa trasladándose hasta Calatrava para formar a sus alumnos en el deporte más famoso del mundo, “yo me tuve que ir pero aquí se quedó mi corazón y además aquí hay gente muy necesitada.”

¿Quiere terminar su vida formando niños y jóvenes en el fútbol?

Sí, el fútbol me lo ha dado todo, me ha dado mucho reconocimiento por toda la comunidad y no solo por ser el profesor de fútbol, sino también por la formación como persona que les doy a los niños. Hay una cosa que me emociona mucho, los profesores del colegio María Bernal de Itagüí, le dicen a los papás, cuando los niños están muy tímidos o llorando mucho, llévenlo donde don Antonio, el de la escuelita de fútbol, que él se lo cuadra. Hay un reconocimiento a mi labor. El fútbol me dio la forma de vivir y sostener mi familia, quiero terminar mi vida en el fútbol, es mi pasión.

Si desea más información sobre la Escuela de Fútbol Calatrava comuníquese al 300 221 6444

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